…El sueño de Viento Mistral es difundir y generar conciencia …
Luca Basto
Mi Camino
Desde niño sentí que mi camino no sería convencional.
Mi infancia transcurrió entre mercadillos callejeros junto a mis padres. Entre personas, emociones, dificultades y las infinitas facetas del ser humano, aprendí muy pronto a observar las miradas, escuchar los silencios y percibir aquello que a menudo no se dice.
Con el tiempo sentí la necesidad de alejarme de una vida ordinaria para buscar respuestas más profundas.
Partí de Cerdeña como artista callejero, bailando y tocando la guitarra, dejando que el viaje se convirtiera en mi maestro. Viví experiencias intensas, momentos de gran libertad, pero también profundas pruebas, aprendiendo a confiar en la vida y en la Naturaleza.
He atravesado países, desiertos, montañas y silencios. He viajado por Marruecos, Mauritania, Senegal, Siria, Jordania, España y Portugal. Algunos lugares me enseñaron la simplicidad, otros la supervivencia y otros el significado de la soledad.
Durante largos periodos elegí vivir inmerso en la Naturaleza, experimentando ayunos, silencio, escucha del cuerpo y procesos de purificación interior. Afronté momentos de extrema sencillez, aprendiendo cuánto poco necesita realmente el ser humano cuando recupera un diálogo auténtico consigo mismo y con aquello que le rodea.
Con el tiempo observé algo simple pero poderoso: nuestro organismo posee una profunda sabiduría. Una fuerza a menudo olvidada, que puede emerger cuando aprendemos a escuchar verdaderamente nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.
Desde hace más de treinta años estudio, observo y experimento la relación entre Naturaleza, salud, movimiento, energía y sanación interior.
No me considero un maestro ni alguien que posea verdades absolutas. Me considero más bien un investigador de la vida, alguien que ha elegido aprender observando directamente la Naturaleza, el cuerpo humano y la experiencia vivida.
El Arte de la Autosanación nace precisamente de este camino.
Del deseo sincero de compartir una visión de la salud y de la vida que no nace del miedo, sino de la confianza en la profunda inteligencia que vive dentro de cada uno de nosotros.
Los Pequeños Guerreros de la Luz
Desde 2016 comencé a viajar por África Occidental junto a mi compañera, Francesca Senes, desarrollando un vínculo cada vez más profundo con Senegal, una tierra que con el tiempo se ha convertido para nosotros en un lugar del corazón y de visión.
Fue precisamente aquí donde comenzó a tomar forma uno de los sueños más importantes de nuestra vida: El Oasis de los Pequeños Guerreros de la Luz.
Un proyecto nacido de una pregunta simple, pero profunda:
¿Qué futuro podemos construir si antes no aprendemos a proteger la luz de los niños?
Hoy trabajamos juntos para dar vida a esta misión, con el sincero deseo de experimentar nuevas posibilidades educativas en uno de los lugares más auténticos y vivos de la Tierra: África, en Senegal.
Creemos que, para ofrecer esperanza al futuro, primero es necesario brindar esperanza, escucha y oportunidades de crecimiento a los niños, a través de entornos sanos, naturales y profundamente humanos, capaces de custodiar aquello más valioso que existe en cada ser humano: su propia luz innata.
El Oasis de los Pequeños Guerreros de la Luz nace como un espacio de aprendizaje basado en la libertad del niño.
Un lugar donde cada niño pueda crecer experimentando libremente las artes de la vida: el movimiento, la música, la artesanía, la naturaleza, la escucha, la creatividad, las relaciones humanas, el cuidado de la Tierra y de uno mismo.
Literalmente: un Oasis.
Un lugar que ofrece mucho, pero no impone nada.
Donde los maestros no enseñan desde arriba, sino que viven y comparten su arte junto a los niños, dejando que sea la curiosidad natural quien guíe el aprendizaje.
Un ambiente de protección, acogida y libertad, pensado para nutrir la confianza, el sentido de pertenencia y la capacidad de maravillarse.
Un lugar donde cada niño pueda sentirse acogido, respetado y libre de convertirse en aquello que profundamente es.
Porque creemos que educar no significa llenar a un ser humano de información, sino proteger y alimentar esa luz que ya vive dentro de él.